
Ese tipo que yace en el centro, profundamente dormido, se llama Renzo pero todo el mundo lo conoce como Capa. Me precio de considerarlo uno de mis grandes amigos. Uno de los pocos. En cambio, los amigos de Capa son legión.
Esta foto, tomada hace ya varios años, es solo una de las decenas de instantáneas que le han tomado en situaciones similares a lo largo de su vida. En realidad, peores cosas le han pasado sin que se diera cuenta, mientras estaba sumido en el profundo sueño que lo envuelve cada vez que se bebe unos cuantos rones, cosa que solía ocurrir muy seguido. No soy yo el más indicado para contarlas, aunque la verdad me muero de las ganas. A lo mejor con unos tragos.
Igual, esto y todas esas historias ocurrieron hace varios años. Capa, como la mayoría de la gente -la gente normal- ha crecido. Ahora es un modelo de profesional y, desde hace 24 horas, contadas desde la fecha de publicación de este post, es el orgulloso padre de Cayetana.
Está feliz, y yo casi tanto como él. Casi, porque su alegría seguro es inigualable. Por eso no podía dejar de escribirlo. Así de paso me disculpo con él por haber ignorado olímpicamente su blog todos estos meses. Esas cosas de grandes todavía no me llaman la atención. Quien sabe, quizás dentro de poco.
A lo mejor ahora está tan borracho que ya se quedó dormido. Por una vez, estaría bien merecido. Cuando uno es grande hay borracheras plenamente justificadas. Y, a final de cuentas, a partir de ahora todas las fotos serán para Cayetana. Creo que es así que uno se da cuenta de cómo crece la gente.

